Perdoname Vulva...

Sé que igual no es buen momento para hablar, pero yo necesito decirte lo que siento y zanjar este asunto de una vez por todas. Te prometo vulva que las cosas no volverán a ser como antes. No volveré a fallarte, ni a mentir por ti. A partir de hoy prometo quererte como nunca lo he hecho antes en mi vida...


Perdoname


Perdoname vulva , por todo lo que te he hecho y los males que te he causado. Cuando te conocí, la primera vez no sabía muy bien cual era tu función en mi vida, no sabía que me aportarías. Sabía que estabas ahí y que venías de serie. Según fue pasando el tiempo pasaste por miles de estados algunos muy irritantes pero poco a poco, aprendimos a convivir juntas. Vaaleee. Durante la pre adolescencia empezaron nuestros tiras y aflojas. Tú te dejaste el pelo largo.
Mi familia se burlaba de ti y mi hermana cantaba eso de tres peeloss tiene tu … tu ….tiene tres pelos, si no tendría tres pelos, ya no sería tu …. A momentos vulva yo te odie, aunque de alguna manera me sugeriste que mi vida iba a cambiar casi por completo y así fue. Una mañana al levantarme noté un peso en mi cuello, me incorporé y ya no me veía los pies. Me habían crecido unas enormes protuberancias que yo conocía muy bién.
Había visto a mi madre, había visto a las chicas de las portadas ochenteras de las revistas..esas que tapaban los pezones con estrellas negras pero jamás pensé que iba a pasarme a mi tan rápido y de una manera tan exagerada.
Poco después empezaste a quejarte y a atacarme, me empezaste a doler. Manando sangre como una fuente. Vagina -¿Estás herida?- Te pregunté, -¿estoy herida?- pregunté a mi madre... No hija ya eres una mujer. A pesar de haber tenido miles de libros en mi casa en los cuales explicaban lo que iba a suceder jamás pensé que llegaría el momento de una manera tan rápida o por lo menos no así. Soy mujer...¿Soy mujer? Y antes...¿Que era, un cocodrilo?

Imagen: Sveta Dorosheva


En cuanto al término ¿si ahora soy mujer, antes que era?.
Nuestro universo se llenó de consejos, leyendas urbanas, compresas, fajas de pata.
¿Tampones? no, que te quitaban la virginidad decían...
Tampoco sabía cómo ponerlos y no había tutoriales en YouTube que me enseñaran .
Aquí puedo decir que comenzó mi cadena de agresiones hacia ti que eras tan delicada y sensible. La mañana de verano en la que tu y yo estábamos en el baño y no sé porque noté que olías, olías raro, olías siempre. Unas veces un olor dulzón, otras más ácido. El caso es que a mí me parecía que no tenías que oler y que había que tapar todo aquello de alguna forma. Agarré el bote de desodorante de mi madre y comencé a rociarte con el spray. El quemazón fue automático, el grito se escuchó por todo el camping y corriendo como una loca comencé a buscar un cubo para llenarlo de agua y poder meter el culo. Te hinchaste como un pomelo y estuve una semana sin poder sentarme porque no me lo permitiste.


No tienes porqué ponerte nada ahí

-No te tienes que poner nada ahí- dijo mi madre. -Pero si huele- Me quejé yo. Así que pensé que si te lavaba muy a menudo dejarías de hacerte notar.
En ese momento comenzó mi peregrinación de bidet en bidet. En mi casa no había pero aprovechaba las casas de mis amigas para meter el culo en el agua caliente y lavarme frenéticamente hasta el punto de casi despellejarte.
Fuimos al médico y nos dieron una pomada que tuve que aplicarte durante mucho tiempo. El médico dijo- procure no mojarse ahí, con agua-. Nadie te llamaba por tu nombre. Para todo el mundo eras ahí. No eras algo, no una parte de mi fisonomía.
Eras un lugar donde como más tarde comprobaría, la sociedad te enseña que es un sitio donde ir, meterse, bajarse, pulsar, oscultar, tapar y un amplio abanico de acciones infinitas...
Durante ese tiempo nos contemplamos en el espejo tú y yo, nos reconocimos. Vi tus labios carnosos, tu color y aunque tu olor me seguía resultando un poco extraño me acostumbre a él. Eras un poco cabrona tengo que reconocer, la mayoría de las veces ibas por tu cuenta. Nunca avisabas de nada y siempre que ocurría algo relacionado contigo me pillaba por sorpresa. Eso sí, asumo con alegría que en ese periodo de conocimiento mutuo, tuvimos unos grandes ratos juntas. Ratos que prometían explosivos acontecimientos futuros, pero que se quedaron en nada por meter a un tercero en la ecuación.
Tuvimos años de no comunicarnos para nada. Perdimos esa conexión por basar nuestra felicidad en la de otro, que era un cabezón de la leche. Perdóname por tenerte olvidada tanto tiempo, pero yo no me daba cuenta de tus necesidades y exigencias. Pero de eso hablaremos más adelante. Apaguemos la luz y descansemos. Mañana será otro día...