Recomponerse después del maltrato

¿A que venimos a este mundo? ¿Cuál es nuestro destino?
Nacemos, crecemos, nos reproducimos, envejecemos y fallecemos.
Durante todo ese proceso, somos personas diferentes pero con la misma esencia, esa que nos hace ser únicas.
A veces recuerdo cada una de esas etapas de mi vida (aunque todavía no las he pasado todas) y pienso; que diferencia en cada una de ellas.
Cuando apenas levantaba unos palmos del suelo solo pensaba en abrazar a mi madre, jugar con mis hermanas y escuchar al final del día una de las historias de mis hermanas mayores o simplemente charlotear un buen rato hasta quedarme dormida.

Luego fuí creciendo y mis deseos fueron otros (solo quería tener otro padre, y en muchas ocasiones desaparecer de este mundo, (de hecho lo intenté pero fallé).
Entre los 12 y 14 años, mis inquietudes (creo que por evadirme de todo lo que sucedía en mi casa) fueron por otro camino.
Empecé a fumar tabaco y marihuana, a beber alcohol y a salir con algún chico (eso hacia a los 13), cerca de los 15 me di cuenta que algo no estaba haciendo bien, que por intentar evadirme de un problema, me estaba creando otro y muy grave para lo joven que era. Así que bueno, empece a cambiar, a quererme, y a aceptar que habían personas que me querían y a las que hacía sufrir.
Siempre envidié a mis compañeras, con sus familias perfectas en las que nunca faltaba de nada, y en la que sus padres eran unos amores con ellas.
Yo tuve la "suerte" de ser la 4ª hija hasta que llego la 5ª, con una diferencia de 6 años de mi hermano mayor y de 2 y 3 años de mis hermanas.
Mi hermano se encerraba en su cuarto, ponía la música a tope y no se enteraba de nada, mis dos hermanas desaparecían, pero yo...¿a dónde iba con mi edad si estaba todo el día en las faldas de mi madre? Bueno, sigo que me voy hacía algo que no quiero.
¡Soñaba con tantas cosas! Soñaba ser rescatada por un joven apuesto y nos fugásemos a cualquier lugar del planeta ...que ingenua que era, pobre pipiola alienada.
Con casi 16 años denunciamos a mi padre y todo terminó.
Se fue de casa y fue como un soplo de aire fresco; podíamos hablar, jugar, bromear en cualquier momento porque ya no teníamos miedo de que él llegase a estropearlo todo.
Conocí a quien es hoy mi compañero. Una persona excepcional, diferente y única, con la cual hemos criado a un hijo que se ha convertido en un hombre maravilloso.
Me ha acompañado, como yo a él, en todos los buenos y malos momentos de nuestra vida en común.
Tengo que agradecerle la paciencia y sosiego ante mis momentos no tan buenos, el me entiende más que nadie.
Y hoy me pregunto, ¿a qué vine a este mundo? Quizás vine para ayudar a quienes como yo han pasado por momentos trágicos, momentos atroces o simplemente mi cometido es estar codo con codo con aquellas personas que luchan por las injusticias, que son muchas.
Entre el texto, me he dejado un exceso de detalles de mi vida que me apenan tanto, que aún estando ya lejos todavía me duelen y me empañan la mirada, así que perdonarme si los pasé por alto.
Todo lo vivido me ha hecho una mujer fuerte, con mis altibajos como cualquier persona, pero siempre en pie.
El maltrato es una lacra social, con la que demasiadas mujeres tienen que vivir a diario.
No fui maltratada físicamente, pero mi madre sí y las secuelas psíquicas todavía campan en mi cabeza.

Desde Alacant
Lys Beth Betty