KUMARI EN EL VALLE DE LA NIÑA DIOSA

Nieve Cruda

Tierra de Newas

En el valle de Katmandú en Nepal desde tiempos prehistóricos habitan los Newas. Esta comunidad lingüística cultural ancestral vive en pueblos llamados Mandalas. Construido con el ordenamiento de los mandalas, un concepto arquitectónico de ordenamiento urbanístico que según sus creencias es un potente captador y distribuidor de energía universal. Los Newars son de ascendencia tibetana-birmana con tintes étnicos indoarios. Los Newars son considerados una nación con más de 30.000 años de antigüedad. Restos de sus predecesores el antiguo pueblo Kirat fue encontrado en el Desierto de Gobi y en Yunnan China.

En la escala mundial de las etnias la nación Newa ocupa la sexta en el ranking con un 1.250.000 miembros en ella aproximadamente. Su cultura está muy ligada a la religión, la cual es una mezcla asombrosa entre budismo e hinduismo. Las diosas y dioses Hindúes se mezclan con el budismo produciendo figuras tan peculiares como el de las kumaris o diosas niñas.

Las diosas niñas

Kumari, del vocablo sánscrito Ku-mari o lo que muere pronto. Es la toma de un cuerpo infantil o encarnación de la diosa Taleju que es la equivalencia hinduista de Durga. Esta reencarnación provee al pueblo según la creencia Newa de seguridad y abundancia. La reencarnación de la Kumari se busca entre las niñas de las castas superiores. El sistema social de castas también es heredado de la India.

La selección se hace a una muy temprana edad por lo cual estas niñas se ven privadas de derechos fundamentales como el poder asistir a la escuela. Solo pueden comunicarse con las personas elegidas. Y no pueden hacer ninguna acción física de aspectos tan simples y cotidianos como es el de tocar el suelo con sus pies fuera del templo de adoración donde residen. Según los Newars si salieran del templo perderían su pureza y la diosa abandonaría sus cuerpos dejando al poblado en situación de indefensión.

Estas Niñas pueden pasar gran parte de la infancia en este estado pues hay kumaris que han sido elegidas a los 3 años y han dejado de serlo a los quince con la llegada de su primer periodo.

Su único contacto con otros seres humanos se produce en festividades señaladas, cuando los fieles acuden al templo buscando su bendición

La elección

La Kumari es elegida entre un grupo de niñas pertenecientes a las castas de más alto status. Sacerdotes de las dos religiones predicen astrológicamente donde nacerá la diosa y certifican los 32 atributos físicos y psíquicos que ha de tener llamados lachhins.

Piernas de ciervo, voz de pato. Salud de hierro, dentadura perfecta y el pelo y ojos oscuros.

También han de pasar varias pruebas que determinen su valor, condición y pureza. Como pasar una noche entera con cadáveres de animales.

No se sabe exactamente el dato exacto del inicio de la tradición pero se cree que podría estar alrededor del siglo XII. Cuando la kumari tiene su primer periodo la diosa Taleju abandona el recipiente y parte en busca de otro. El primer sangrado hace el cuerpo impuro. La creencia es que produce el abandono de la diosa del cuerpo de la Kumari.

Infancias rotas

Estas niñas sufren una fuerte transformación vital en el momento de dejar el reinado. Han sido educadas para no moverse durante horas en los rituales del templo. Son cargadas sobre platos de oro y apenas caminan. Por lo cual no solo sufren las consecuencias de haber vivido una infancia y preadolescencia aislada, sin ningún tipo de comunicación exterior con criaturas de su propia edad por ejemplo sino que además la mayoría de ellas tienen secuelas físicas motoras debido a la inacción y el desarrollo deficiente físico por la falta de ejercicio.

Aunque esta es una práctica incomprensible para occidente e injusta para las niñas, los nepalíes siguen defendiendo esta tradición ancestral alegando que es parte de su identidad espiritual y cultural.

A lo largo de Nepal hay varias Kumaris pero la más importante de todas es la Kumari real de Katmandú. Estas diosas en miniatura son veneradas por los budistas nepalíes y por los hinduistas pero no están reconocidas por el budismo tibetano.

La comisión internacional de derechos humanos denuncia

La vida de las Kumaris transcurre en un total aislamiento en los templos donde sus familias están autorizadas a cuidarlas.

Diversas organizaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado estos casos, particularmente el de la Kumari real, que viven en el palacio del centro de la ciudad llamado Kumari Ghar.

El concepto de pureza y aislamiento al que se somete a estas niñas supone una violación contra su libertad y su derecho a la educación.

Y aunque la corte suprema del país dictase que las condiciones de la vida debían cambiar, hoy en día su vida sigue siendo prácticamente la misma.

Para los Newa es preferible poder vivir con los privilegios de una diosa ya que su renta per cápita es una de las más pobres del planeta. Por lo cual muchos nepalíes prefieren ver a sus hijas enclaustradas que pasando hambre en las calles.

La pobreza siempre hace sangre en la carne de las mujeres del mundo en cualquier etapa de su vida.

fuentes:
BBC