Supervivientes. Historia de U

La primera vez que la conocí me pareció una mujer muy divertida e inteligente. Es una mujer delgada. Algunos (Los amantes del juicio barato e inmediato) dirían que no parece demasiado fuerte, otros que es imposible que una mujer tan menuda haya pasado por tal infierno sin ser consumida. Pero cuando la miras a los ojos ves la fuerza de esa inteligencia emocional y entereza que sólo las supervivientes tienen.
Me gusta hablar con ella. Su voz es una voz firme y segura. Me recuerda a esas compañeras que en tiempo de galernas se cuelgan de los tubos de tu tienda de campaña para cerciorarse de que nada te arrastre por los aires. A esas compañeras que han sabido conservar la risa por encima del dolor, que aún son capaces de sentir amor a pesar de la ira.
Esas mujeres con recursos que saben el valor que tiene un silencio o de la caricia de una palabra corta en su momento adecuado. Ella es U y esta es su historia:

U como tantas otras tuvo que huir, huir de una situación que había puesto en riesgo la vida de su propia hija. Cuando ve las noticias en las que aparecen casos de violencia vicaria, niñas y niños asesinados por sus propios padres los cuales luego se suicidan recuerda la llamada de aquella noche, en la que su expareja decidió empotrar el coche contra un muro y de esa manera matarse él y matar a su hija pequeña. U tuvo que poner muchos kms de por medio y hoy en día, pasados algunos años ha podido encontrar algo de paz para ella y su pequeña.

Hola U, ¿Ahora mismo cómo es tu vida, puedes decir que eres feliz?

A día de hoy puedo decir que he sobrevivido, que mi hija es absolutamente feliz, pero yo todavía no he pasado página puesto que ni siquiera tengo las sentencias que me permitan decir tal cosa. Tener que concluir estos trámites me angustia profundamente puesto que sé que volveré a pasar por el infierno de declarar contra él ante el juez en dos ocasiones más. El infierno todavía no ha terminado aunque hace dos años que no sabemos nada del agresor.

Los procesos de maltrato comienzan de una forma casi invisible
¿Cuando comienzas a detectar que algo está pasando y que no funciona bien?

En mi caso he tenido que pasar por todo el proceso para detectar a posteriori algunas conductas alarmantes. En su momento no las percibí como tales, aunque ahora veo claramente que eran pistas de lo que estaba por llegar pero mi caso fue el de una persona que se encontró al maltratador tras un trauma, tras intentar suicidarse.
Estuvo al borde de la muerte varios días y yo lo atribuía todo a su depresión, al paro, al maltrato hacia las personas de más de cuarenta años que pierden el empleo y han recibido una educación machista por la cual deben mantener a su tribu, a su familia.
Si un hombre educado en esas premisas no tiene trabajo, es muy posible que se sienta inútil porque crea que está incompleto o defectuoso. Yo lo apoyé en esa situación, se lo comuniqué a su familia.
Insistí a sus hermanos y padres en que mi marido no estaba bien.
Había pasado de ser un hombre simpático y amable a ser alguien intratable, cada día más agresivo en sus formas.
Al sobrevivir al suicidio, tras estar varios días en coma, simplemente no reconocí más a mi marido. Las heridas junto a los daños psiquiátricos lo convirtieron en un monstruo sin ninguna inhibición. Me era imposible reconocerlo incluso físicamente puesto que como forma de chantaje dejaba el tratamiento y entraba en fases psicóticas inmediatamente.

¿Cuál fue tu primera reacción?

Llamar a Emergencias que acudió con una ambulancia y una patrulla de la Guardia Civil. Tras lanzarme objetos pesados a la cabeza, cosa que hacía por primera vez, me negué a ser su cuidadora puesto que su estado era una amenaza para mi hija y para mí.
Aquella primera vez sentí un gran terror que había sentido desde que percibí que daba igual lo que dijera para tranquilizarlo: todo sería usado en mi contra puesto que había decidido que yo era su enemiga.
Se tomó muchas molestias en intentar engañarme, también he de decirlo, porque cuando abandonó la casa de mi madre, en la cual vivíamos entonces, Él volvió al domicilio conyugal, contiguo al de sus padres, para que pudieran atenderlo, la madrugada en que dejó el pueblo, y a pesar de todo, yo me aseguré de que volvía bien.
En aquel momento no estaba segura de aquella agresividad y violencia no fueran consecuencia de las graves lesiones cerebrales que sufrió al tirarse desde el tejado.
Dos psiquiatras y un neurólogo me decían que era coyuntural, que esas lesiones no tenían por qué ser crónicas.
Uno de esos psiquiatras, de hecho, me presionaba lo indecible para que me hiciera cargo de él y dejara libre su cama en psiquiatría.
Me hacía ir y me juntaba con él en el despacho aunque ya había una orden de alejamiento porque, según él, no era maltrato sino crisis de pareja.
Intentó convencerme de que en una discusión es normal lanzarse un ordenador a la cabeza.
En otra visita me amenazó con ingresar a mí...
Yo estaba muerta del miedo y me sentía amenazada. Me sentía amenazada por los médicos, por él y por su familia.
Empecé a dudar de mí, a pensar que quizás estaba siendo demasiado dura, que había sido bueno, que cuando nos casamos éramos felices, que amaba a nuestra hija... Pero cuando lo veía me temblaban la rodillas porque no sabía qué iba a desencadenar su violencia.
Me engañó él, y me engañó su familia, me hicieron creer que había conseguido matarse, se había despedido de nuestros amigos, y se había suicidado al llegar a casa con sus padres.
Durante diez días creí ser viuda, lo lloré, me destrozó. Estaba con una niña que cumplía tres en el momento en que su padre se quitaba la vida. Pensé que por fin lo había conseguido...
Dos semanas después me llamó por teléfono, culpó a sus padres de la mentira puesto que efectivamente, estaba otra vez ingresado en psiquiatría, aunque a mí me dieron la guarda y custodia de mi hija durante un mes.
Cuando en diciembre quiso verla porque ya estaba mejor, no tuve más remedio que dejársela para pasar unos días con él y sus abuelos paternos.
Ésa fue la definitiva: Cuando supo que mi decisión de separarnos era firme, cuando supo que estaba enamorada de otra persona, lo siguiente fue recibir su llamada para decirme que había estrellado el coche con mi hija.
Ése fue el infierno de verdad. Nunca más he vuelto a ser quien era tras creer muerta a mi niña. No lo estaba, pero se negó a decirme dónde estaba ingresada y lo que le había sucedido.
A partir de ese momento sólo tuve una meta: desaparecer con ella de allí a cualquier precio.

¿Cómo reaccionó tu entorno? (Nada más ocurren los hechos y los haces públicos a las familias)

Mi familia respondió inmediatamente. Mi madre de hecho estaba presente en el momento de los hechos, mi hermano viajó para recoger a mi hija y dejarme espacio para ocuparme de mi marido moribundo.
Después del coma, en el que toda su familia estaba presente, sentí cómo aquella gente, en la sala de espera de la UCI, apilaba leña para quemar a la bruja.
De repente, me encontré luchando por mi dignidad y teniendo que asumir que me habían hecho responsable.
Su hijo intentaba suicidarse y yo era la culpable... Algo había tenido que hacer para que su adorado hijo pusiese en peligro su vida.
Optaron por su apellido y nos abandonaron a mi hija y a mí. Se hicieron cargo de su hijo y finalmente se lo llevaron consigo ya que necesitaba varias cirugías y una muy larga rehabilitación.
Me hicieron todo el daño imaginable e inimaginable, recurrieron a la difamación, el insulto, a la mentira y a todo lo más miserable para salvar la cara de su hijo y cargar en mí todas las culpas de su querido monstruo.

¿Cuando decides poner tierra de por medio?
¿Qué te motiva a sobrevivir a la situación?

Viví en pánico mientras mi hija estuvo ingresada y luego en reposo hasta que le quitaron puntos y escayola, así como la posterior rehabilitación.
Cuando le dieron el alta, tres meses después del accidente, denuncié a la UFAM los hechos.
La Guardia Civil de mi ciudad no quiso ni siquiera tramitar mi denuncia contra él puesto que era mucho trabajo para un día de navidad. Me dijeron que me fuera a la provincia en la que se había interpuesto la denuncia inicial y cuando insistí, un agente me amenazó con detenerme a mí.
No me dejaron denunciar que mi marido había estrellado el coche para matar a mi hija. La UFAM se hizo cargo en la persona de una agente especialmente comprometida y competente; De hecho, fue la primera instancia legal que miró por nuestra seguridad. Estaba escandalizada ante la desidia con la que estaba tramitando mi expediente y la tolerancia que habían mostrado hacia el agresor.
Ella aumentó el riesgo y me sugirió desaparecer con mi hija y así lo hice.
Al día siguiente cogí el tren con una maleta con lo imprescindible sin decirle el destino a nadie y con nuevo teléfono.
Los pocos amigos que me quedaban no quisieron saberlo para que no pudiera escaparse por indiscreción ningún dato que nos pusiera en peligro. Vinimos al lugar en que vivimos desde entonces, con mi compañero.
Opté por convivir con mi compañero por darle estabilidad a mi niña.
La otra opción era una casa de acogida pero me pareció que sería añadir trauma al trauma, por lo que mi compañero y yo aceleramos la puesta en marcha de nuestra vida en común para vivir en una casa, tener un colegio y una vida arraigada emocional y físicamente.

A las mujeres normalmente se las acusa de permanecer demasiado tiempo con sus agresores o dar oportunidades
¿Qué le dirías a esas personas que juzgan tan a la ligera las situaciones que viven muchas mujeres en situación de riesgo?

Pues que ojalá no se vea en las mismas quien juzga a la ligera.
Yo no aguante nada, denuncié a la primera pero eso no evitó que mi hija sufriera daños porque mi protección no era extensiva a una niña de dos años en el momento de los hechos.
Ahora conozco mujeres que aguantaron años porque creían que sus hijos querían al padre, o porque no podían dar de comer a tres hijos, por ejemplo.
Me llena de terror pensar en sus infiernos, porque hasta el día que lo denuncié, habían pasado tres días desde que volvió a casa del hospital y ya me planteaba dormir armada del pánico que me da acostarme en la misma cama que un hombre al que no reconocía pero del que me pasmaba el odio infinito con el que me hablaba y miraba.
No quiero imaginar cómo vive la mujer que cree o sabe que tiene que aguantar, porque la miseria es un factor determinante para aguantar.
La pobreza es el arma definitiva del patriarcado contra las mujeres. Si te atreves serás más pobre, puede que incluso tan pobre que pueda estar en riesgo la tutela de tus hijos.
Las mujeres maltratadas soportamos múltiples violencias, no es jauja denunciar y ya sabemos cuántas denuncias suponen el asesinato de la mujer.
Súmale amenazas de agentes, de médicos, de psicólogos, el horizonte de revictimización y encontraremos que la valentía se nos exige tanto para denunciar como para resistir sin hacerlo.
Puede incluso que te cuestionen como madre porque estás rota emocionalmente, como si las palizas, los insultos y el maltrato constante fueran inocuos para quienes lo sufren.

Periplo institucional
¿con qué soportes y obstáculos te has encontrado? ¿Cómo viviste el momento del juzgado?

Obstáculos, todos.
En mi caso sólo puedo decir que he encontrado personas concretas que han cumplido su deber y han mostrado alguna empatía. Sin esas personas que te dan un pañuelo, o un vaso de agua, o se callan para que llores porque no puedes hablar, todo el periplo sería insufrible.
En comisaría he encontrado agentes varones muy amables y delicados y mujeres agentes que me han querido prohibir ir al lavabo como si estuviera presa en vez de haciendo una denuncia por lo penal.
Los juzgados han significado hasta ahora forense, burócratas, más burócratas, papeles, pérdidas de expedientes, aplazamientos, lloros, ansiedad extrema, cuestionamiento como persona y como mujer, nepotismo y arbitrariedad.
Juzgados y comisaría han ido lo peor hasta ahora porque se supone que me protegen y que hay un Ministerio Fiscal que vela por la víctimas, pero frecuentemente tiene la idea de que te están juzgando a ti y que tú tienes que demostrar algo.
Ese algo es ser buena víctima, ser merecedora de la limosna para malvivir con tus hijos, ser merecedora de la caridad de un estado paternalista que no tiene ningún interés en hacer justicia sino en parchear y esconder una realidad sangrante e intolerable en países llamados civilizados y democráticos.


¿Cual ha sido tu mayor miedo y tu mayor alivio?

Que nos encontrara. Salir a la calle mirando por encima del hombro, no atreverte a salir a comprar el pan por si te está esperando, esconderme con mi hija en casa de mi madre y sufrir ataques de pánico por tener que bajar a hacer la compra o ir al médico.
Mi mayor alivio, precisamente, fue poder caminar con mi hija por la calle sin mirar por el hombro, volver de noche hablando con ella sabiendo que no nos va a pasar nada, que ella está salvo porque no sabe dónde vivimos y ya han pasado más de dos años.

¿Qué le dirías a las familias de los agresores que encubren las conductas de sus propios hijos o hermanos?

Que son cómplices de este estado de cosas, que confunden la cosas esenciales, aunque también entiendo que me prefieran culpar a mí que plantearse que su propia casa y familia son el reino de un maltratador psicológico que ha aterrorizado a toda la familia desde siempre, es decir, en mi caso existe una relación directa entre los hechos y la educación.
Mi ex suegro intentó maltratarme pero no se lo permití. Sin embargo, era evidente que ningún hijo y menos la esposa habían sido seres de pleno derecho jamás.
Si el caso no es ése, debería ser obvio de qué parte hay que ponerse siempre, máxime si hay hijos.
Esos hijos también son familia y defender al hijo o hermano agresor significa desamparar a los nie@so sobrin@s.es de simple justicia, muy elemental: a la víctima se la apoya y si no lo haces, eres cómplice de este odioso estado de cosas.

Secuelas ¿ Cual es tu peor fantasma, contra qué luchas todos los días dentro de tu cabeza?

Tengo un miedo absolutamente irracional, porque sé que no va a venir, a que me contacte por mail o por terceros. Luego tengo que luchar contra la tentación de pensar que pude hacer para que tales horrores no sucedieran.
Racional y analíticamente sé que no estaba en mi mano, pero tengo que convencerme porque es una reacción inmediata la de pensar que he hecho algo mal. Me sucede también con amistades y con mi pareja, siempre pienso que el malestar de los demás es por mi causa.

¿Qué le dirías a las mujeres que ahora están en la situación que has estado tu?

Yo diría que no aguanten, pero no sé si decir que denuncien porque en determinados estados estos trámites te destrozan.
En cualquier caso, buscar siempre apoyó porque seguramente te vas a ver sola frente al agresor, la denuncia y la justicia, tu terror, tu dolor y tus cargas familiares. Creo que hay que ser un poco temeraria, pero creo que es necesario. Eso sí, sola no porque incluso acompañadas, hemos de saber que va a ser realmente duro, largo, pesado y carente de garantías.
Afortunadamente, las mujeres nos estamos organizando al margen del estado. Hay grupos en todo el estado que no dejan sola a una mujer maltratada y rota. Les diría a las que no han denunciado pero quieren, que busquen esos apoyos. Se encuentran incluso en la puerta del colegio y basta con pedirlo.

Respecto a esta nueva Ola de feminismo que estamos viviendo ¿Qué le pedirías a las feministas?

Que aunque el feminismo no es sólo la lucha ante el maltrato, no dejemos nunca de preguntar a una hermana si necesita ayuda al verla llorar en la calle, en un parque, donde sea. Si estamos en un juzgado y vemos a una mujer aterrorizada, vayamos con ella, consolemos, ayudemos y protejamos.
Si puedes indicar un paso a otra hermana que le facilite el trago, hazlo, implícate siempre.
Esto es mucho más elemental que teoría tal o cual. Al final hay discusiones bizantinas que nos apartan del centro: las mujeres somos de facto, seres de segunda.
Si esto no está en el centro del debate, todo lo demás me sobra, pero contra este hecho hay que luchar sin descanso.
Por nosotras y nuestros hijos porque tengamos varones o hembras, yo no les deseo un futuro igual a mi presente.

Por último te proponemos un juego, te vamos a decir varias palabras y nos dices lo primero que se te pase por la cabeza.

Mujer Resistencia
Hombre Voz
Igualdad Meta
Feminismo Necesidad
Políticos Estafa
Opresión Injusticia
Libertad Fin
Abrazo Reparador

Y con esto dejamos a U volver a sus quehaceres y activismo, removidas y aun más conscientes si cabe de la situación que viven muchas mujeres de este país . No solo son los casos mediáticos sino la historia de millones de mujeres que están sobreviviendo de manera anónima siendo sujetadas sólo por sus entornos personales. Donde en alguna ocasión el sístema acierta pero la mayoría de las veces falla.

“¿Hasta cuando vamos a estar cruzadas de brazos?”