Cuando la Soledad reina en la mesa

Decidme mujeres del mundo; ¿nunca habéis tenido una cita en la que no os habéis sentido cómodas y el tío en cuestión no se estaba dando ni cuenta y él erre que erre intentando forzar algo que no podía ser? No os habéis preguntado ¿de verdad tengo que soltar una grosería para que se entere de que estoy deseando que se acabe esta tortura?

Maldita televisión

Mirad, acabo de ver una cita del programa este tan famoso, sí mujeres, el First Dates ese, os suena ¿no?.
Bueno, pues resulta que en él he descubierto a mi nueva ídola. Una señora que desde el minuto uno deja claro, con su actitud, que no le gusta nada de nada al señor que le han puesto enfrente.
Él no hace más que hacerle preguntas y ella está a la cena, come que come, y es que a mi me queda claro que No Quiere Saber Nada De Él. En más de una ocasión este le dice que a él le gusta mucho y que le parece una mujer maravillosa y ella no levanta la vista del plato.

Machiruladas 0 Soledad 1

He leído por ahí (me niego a nombrar la fuente, sólo diré que es machista de echar para atrás) que la señora Soledad es una mujer grosera y desagradable... ¿es esto verdad? Desde mi punto de vista ¡no!, no es verdad.
En ocasiones como esta me vuelvo a preguntar ¿qué se espera de la mujeres?
No me extraña que haya muchos tarugos que piensen que cuando las mujeres decimos una cosa queremos decir otra, ya que desde siempre se nos ha educado para ser correctas, para no ser ofensivas. Y es eso lo que veo durante toda la cita, una mujer que se sienta a cenar con un señor que no le gusta nada, que sí, que el hombre es muy correcto, pero que tiene pinta de ser un peñazo de cuidado.

“Me gustan las gulitas chiquititas del norte”

Mirad, ella, está tan acostumbrada a ser correcta que incluso en la entrevista que se les hace aparte no hace más que hablar de banalidades; de que si le gustan las gulas esas chiquititas del norte, pero que también le gustan el pollo y el conejo, por no hablar mal de él habla hasta del pan, que ella no come pan normalmente en su casa y aquí ha pedido incluso otra ración. No me quiero imaginar la soledad que Soledad está sintiendo durante toda la velada. Y yo me pregunto ¿de verdad estaba tan rica la cena hasta el punto de que Soledad ha dejado el plato más limpio que recién sacado del lavavajillas? O ¿es que prefería tener la boca bien llena para así poder boicotear cualquier impulso de decirle a su cita cuatro barbaridades?

Aquel mal, llamado costumbre


En un momento de la cita, veo que Carlos Sobera se acerca a la mesa en un intento fallido de que Soledad se anime a articular palabra y a mi me entran unas ganas locas de gritarle a la pantalla “¡¡Por diosa, sácala de ahí!!”
Con todo esto que os he contado y que muchas de vosotras habréis visto, sólo quiero dejar claro mi punto de vista en cuanto a las situaciones cotidianas que vivimos las mujeres y que en absoluto nos resultan fáciles de llevar o lidiar con ellas.
Se nos enseña ciertas formas de comportarniento que evidentemente no dejan que saquemos al descubierto emociones y esto se toma, en muchas ocasiones a mal, pero si a alguna, cada vez a más por suerte, se nos ocurre sacar los pies del tiesto, ese que tan bien nos tiene amarradas desde esta cultura patriarcal.
Se nos tacha de raras, locas, putas, amargadas, antipáticas, rancias, secas, desequilibradas, feminazis, intolerantes, malfolladas, estreñidas, soberbias, zorras, guarras, desgarbadas, malas madres, malas hijas y un largo etcétera.

Mi querida Soledad

No vuelva a dejar que nadie piense por usted en cuanto a su gusto por los hombres y menos a este tipo de programas que se sirven de la incomodidad de las personas para obtener unos altos índices de audiencia. No tema a decir que alguien no le gusta, tiene todo el derecho de expresar lo que siente. No permita dejarse llevar por los que se espera de usted como mujer y empiece a hacer lo que le venga en gana. La vida es demasiado corta y bonita como para andar reprimiéndonos, aproveche esta nueva era en la que estamos empezando a soltarnos de los grilletes patriarcales y disfrute.