La crueldad de la injusticia


La injusticia y la crueldad suelen ser compañeras inseparables de viaje, y en algunos casos no sabemos quien conduce el timón del barco si la una o la otra.

Cuanto mejor me gradúo las gafas moradas, más cuenta me doy de las felonías patriarcales que tanto daño nos hacen. ¡Menuda obviedad! diréis y no me extraña... Hoy me despierto enfadada, indignada, triste y rabiosa. La sentencia contra Juana me hace daño como madre y mujer. La sentencia contra Juana la siento contra mí y contra todas nosotras como una advertencia cruel, despiadada y exagerada. La sentencia contra Juana nos dice “mujer, no se te ocurra luchar por tus derechos y por los derechos de tu prole o todo el peso de la injusticia recaerá sobre ti” y esto me lleva hacia una nueva cuestión. Se habla muy a la ligera de las mujeres que se emparejan con hombres poderosos, ya sean millonarios o por sus cargos políticos, a estas mujeres se las tilda de aprovechadas o tontas que no se dan cuenta del monstruo con el que están conviviendo, se las acusa de estar con tal o cual hombre por su posición económica y social, pero nadie (o muy pocas personas) se cuestionan qué impulsa a los hombres a querer mantener una relación amorosa con una mujer poderosa y no hablo del mismo tipo de poder de los hombres, hablo del poder de la mujer guerrera, peleona, luchadora, consciente y despierta.

Hay hombres (los que menos) que adoran estar con una mujer que sabe llevar a la perfección las riendas de su vida, que admiran y cuidan de ella, que miman la relación y dan gracias por estar con una mujer de estas características, pero también hay hombres (estos son los que más) que se encaprichan de ese perfil de mujer y no soportan estar con alguien que no se deja relegar a un segundo plano. Digamos que se “enamoran” de una yegua salvaje con el único propósito de domarla.
¿Qué pasa cuando la yegua no se deja domar? creo que todas conocemos la respuesta, pero aun así lo escribiré.

Revelaciones

Dentro de la historia de la humanidad siempre han existido mujeres fuertes, mujeres que se negaban a vivir bajo el yugo y/o a la sombra de un esposo cruel y tirano y cuando no tenían esposo se negaban a vivir bajo la doctrina de lo moralmente establecido por las leyes de la sociedad patriarcal. Estas mujeres han sido tachadas de locas, inestables, brujas, histéricas y han sufrido condenas desmedidas, las que más “suerte” tenían (suerte dotada por pertenecer a la burguesía) eran encerradas en conventos de clausura donde se las “permitía” llevar una vida de celibato en la que “gozaban de ciertos privilegios” (como dormir en una cama o tener tres comidas al día). Sin embargo otras, las que más, eran condenadas a muerte, torturadas, encerradas, quemadas, mutiladas y servían como ejemplo para otras mujeres que quisieran salirse del redil de las normas establecidas por los hombres de la época.

Hoy día hay muchas voces que nos dicen que las mujeres hemos ganado en privilegios, pero últimamente las leyes de este país están haciéndonos lo mismo, no físicamente, pero sí emocional y psicológicamente, con las resoluciones judiciales que se están dando. Vuelven las mismas voces a decirnos que nos estemos quietas y calladitas si no queremos “saber lo que les pasa a las niñas malas”. Que a ninguna mujer se le ocurra defender a sus cachorros, que ninguna mujer denuncie ser violada o abusada sexualmente por los depredadores, que a ninguna mujer se le ocurra poner en duda la bondad y honestidad de ningún hombre, ya que nosotras seremos las juzgadas, tanto en los tribunales como a nivel social. Nos inundan la cabeza haciéndonos pensar que estaremos protegidas, pero bajo consignas que siguen poniendo el punto de mira sobre nosotras.

““Llama al 016”, “Mamá hazlo por nosotros, denuncia”, “Si te violan no te calles”

Pero ay de ti si se te ocurre hacerlo, allí estarán los señores de la toga para preguntarte si le provocaste para que estallara en ira y te golpeara hasta dejarte en el umbral de la muerte, si habías bebido o te habías drogado, si cerraste bien las piernas, si el largo de tu falda o top eran los adecuados, si te resististe, si acaso la denuncia no es fruto de tu rabia incontenida y lo que buscas es venganza y no te importa destrozar vidas (la de tu maltratador e hij@s) por el camino, ni siquiera importará que te mate, no cumplirá su condena por “buena conducta”, trabajos realizados en la cárcel o cualquier otra excusa que se inventen. Morirás aun estando viva y sabrás que tu muerte ha sido en vano.

Hermanas, la sociedad capitalista y heteropatriarcal siente que sus cimientos se tambalean y sus coletazos vuelven a la violencia de la edad media, pero su miedo es todavía mayor que en aquella época, porque hoy somos mujeres informadas, estudiadas, sabias y gracias a las redes sociales estamos más unidas y decididas que nunca. Es nuestra hora, nuestro momento, no dejemos de salir a las calles para señalar sus injusticias, para hacerles ver que ya no tenemos miedo, que nos quitaron tanto que ya no tenemos nada que perder, que daremos nuestra vida por la lucha feminista, que seremos la voz de las asesinadas y el grito de las que no pueden hablar.