Cariño, Tú no estás Loca

Alguna vez te ha ocurrido que toda la genialidad, carácter, humor que tanto encantaba a los demás se convierte en un arma arrojadiza y de ser genial, especial y un sinfín de adjetivos maravillosos pasas a estar loca, ser intratable y no hay quien pueda contigo…
No te preocupes esto es más común de lo que piensas. A todas nos ha pasado alguna vez. ¡Hasta aquí hemos llegado! ¡Y punto!

LOS TRUCOS SUCIOS DEL SISTEMA

Tenemos muy claro que 2018 ha supuesto un giro en la concepción que tenemos las mujeres sobre las propias mujeres y ya no pasamos ni una. Nos hemos vuelto activas, vigilantes, pero sobre todo hemos dejado de ser mudas. Si decimos que vivimos en un mundo complejo que evoluciona demasiado rápido y no nos da tiempo a asimilar las vivencias y acontecimientos, no mentimos. Si decimos que cada vez que nos tornamos nota discordante, el entorno intenta cambiarnos, tampoco. Nadar contracorriente y seguir siendo una misma nunca fue fácil. Un camino casi tan agotador como el que hacen los salmones en su ruta hacia el desove. Algunas llegan y otras... se quedan por el camino. El sistema como maquinaria emplea tácticas carcelarias invisibles. España está a la cabeza de Europa en consumo de ansiolíticos (dicen los medios), pero lo que no cuentan es que es necesario un médico que lo prescriba. En el caso de nuestro país no hace falta ni pasar por el departamento de salud mental. Un médico de cabecera nos los facultará sin problema. En el caso de las mujeres el porcentaje se dispara.

NEO CÁRCELES QUÍMICAS

¿Estamos ante nuevas cárceles químicas que encierran las mentes? Estas prácticas no son nuevas. Se han estado aplicando al colectivo femenino desde el inicio de la propia historia de la psiquiatría. Fármacos, duchas de agua fría, electroshocks y lobotomías que fueron aplicadas desde a artistas, escritoras y amas de casa insatisfechas con sus vidas. Entrando en este saco también las mujeres contestatarias que de alguna u otra manera plantearon oposición a autoridades e instituciones. Diagnósticos que han patologizado a nuestro colectivo ya que siempre hemos estado consideradas como “mentalmente delicadas”, mucho más que los hombres. A su vez desde su inicio ha habido patologías sospechosamente denominadas “femeninas”. Histéricas, neurasténicas, inestables, locas en definitiva. Todo recogido bajo la definición de la cuestión femenina. Seres que no podíamos vivir o tomar decisiones por nosotras mismas a expensas del control y cuidado de un guardián, marido, padre, tutor etc…

“La psiquiatría tiene una larga historia como arma contra las que el sistema de cada momento histórico ha considerado como indeseables, rebeldes o excesivamente brillantes en cualquiera de los campos culturales o políticos.”

DE AQUELLOS POLVOS ESTOS LODOS

Dejando de lado el S.XIX y sus desmanes de los que hablaremos otro día, nos sumergiremos de lleno en el siglo XX. Después de las dos grandes guerras, se producen conatos masivos de empoderamiento colectivo. Los escenarios estaban muy claros. Mujeres que en los periodos de guerras habían trabajado en las fábricas de armas, ganaban sus propios jornales y muchas de ellas descubrieron que podían ser autónomas y vivir solas sin depender de un marido. De pronto la estructura social se tambalea, y los hombres a través de los grandes departamentos de marketing americanos deciden que lo mejor para las mujeres es meterlas en casas bonitas con cocinas grandes. Así nace el estereotipo actual del sueño americano. Que por ende se traslada como gran influencia social al resto de los países del mundo. La brutalidad empleada hacia ellas siempre fue ligada al miedo a que se escuchasen sus voces. Duchas de agua fría, privación sensorial, negación de alimento, electroshocks y en los casos más extremos trepanaciones cerebrales (lobotomías). En los informes de los especialistas jamás nombradas como seres humanos sino como “criaturas”. Los hombres que desde sus profesiones ofrecían estos tratamientos fueron considerados héroes. Hemos de decir que la terapia electro convulsiva nace como un método de tortura hacia colectivos molestos y no adaptados socialmente según el "status quo" de la época. En su lista de usuari@s potenciales: Mujeres, homosexuales (sin diferencia de sexo), poetas y adict@s,

CON NOMBRES Y APELLIDOS

“Si algo brilla que sea el suelo de tu cocina no tu cerebro”.
Annalisa Marí lo refleja muy bien en la selección que hizo del poemario feminista Beat Attitude perteneciente a la generación beat. El libro arranca con una cita de Gregory Corso muy reveladora:
"Hubo mujeres, estaban allí, yo las conocí, sus familias las encerraron en manicomios, se las sometía a tratamiento por electroshock. En los años 50, si eras hombre, podrías ser un rebelde, pero si eras mujer, tu familia te encerraba. Hubo casos, yo las conocí. Algún día alguien escribirá sobre ellas."
Son muchas las mujeres que sufrieron estas prácticas por el simple hecho de vivir sus naturalezas salvajes y tener una mayor creatividad que la de sus compañeros hombres. Las pintoras surrealistas Dora Maar y Leonora Carringhton. La escritora Sylvia Plath o la escultora Niki de Saint-Phalle. Son algunos ejemplos de mujeres labelizadas y psiquiatrizadas.

El caso de Leonora Carringhton es especialmente sangrante, pues fue internada varias veces por su propio padre incluso en la edad adulta por el simple hecho de desobedecer varias veces las órdenes de su padre, que había diseñado para ella una vida acorde a su posición social y a la cual Leonora jamás se quiso someter. Podéis encontrar su experiencia en su diario editado Memorias de Abajo.
Otro de los casos de insumisión fue el de Nina Simone. Diagnosticada, psiquiatrizada y condenada a la farmacoterapia. Esta mujer hubiera mantenido su estabilidad emocional si el sistema la hubiera tratado con respeto e igualdad de condiciones y no se la hubiese rechazado por ser mujer y ser negra. Sus conciertos eran un ejemplo de fuerza, emoción y sensibilidad y según la gran dama del soul, era su manera de exorcizar el dolor.

Eva Perón

De los múltiples nombres que existen reflejados en la narrativa de las mujeres es chocante el caso de Eva Perón. Hacia 2015 un neurocirujano profesor de la universidad de Yale de nombre Daniel Nijensohn realizó un estudio para la revista científica Neurosurgical Focus en la que sostenía que Perón ordenó lobotomizar a Eva para modificar su personalidad. La trepanación se llevó a cabo tiempo antes de la muerte de Eva por causa de un cáncer de cuello de útero. Aunque la explicación fue la de minimizar el dolor la auténtica razón fue la profunda radicalización hacia la izquierda que había experimentado antes de su muerte. Según Nijersohn Eva sabía que le quedaba poco. Sin conocimiento de su marido habría empezado a comprar armas al príncipe de Holanda para poder entrenar milicias obreras. Volviéndose peligrosa e incontrolable para la junta militar y el propio Perón.

La espiral que no cesa

Si pensáis que todo esto forma parte del pasado, y que las mujeres ya no están etiquetadas por sus conductas hoy en día; ¡BIP! ¡Error! Hay mujeres que tristemente siguen siendo diagnosticadas con patologías como: trastorno límite de la personalidad, trastorno narcisista de la personalidad y otros desórdenes siempre de la personalidad. Los hombres que tienen esos “síntomas” no son diagnosticados de esas maneras ni tratados de la misma forma. A Los hombres que han tenido algún trauma se les considera que tienen desorden de estrés postraumático, la mujer con los mismos síntomas será TLP.


A ver qué te parece: en la condición de los pacientes sigue influyendo la utilización del género para establecer diagnósticos cuestionables en función del sexo. Esta concepción sigue siendo peligrosa para nosotras, ya que bajo la base de considerarnos peligrosas para nosotras mismas o los demás, cualquier miembro de la familia, tutor, marido o institución puede decidir si eres válida o no para vivir en sociedad. Necesitamos visibilizar y debatir el problema de la psiquiatrización y las prerrogativas existentes de racismo y sexismo en las mismas. Necesitamos profesionales de la psiquiatría y psicología formados en feminismo pero sobre todo: Debemos aceptarnos como somos, a veces no encajamos en la norma, en el molde. Y si reclamamos los cuerpos que se alejan de la heteronormatividad, ¿por qué no empezar a aceptar la diferencia de pensamiento, sentimiento o emoción? ¿Por qué no aceptar que podemos vivir lejos del baremo de la perfección y la exigencia impuesta a nuestro sexo? ¿Y por qué no cambiar la concepción de lo que constituye la idea del éxito vital? Si queréis leer más sobre el tema y habéis sido fans de Betty Drapper en Mad Men no os podéis perder “La mística de la feminidad” de Betty Friedman. Un certero análisis relacionado con el artículo que acabáis de leer.